La primera reacción tras la elección de Jorge Bergoglio como nuevo Papa de la Iglesia católica fue de estupor. Algunos canales de televisión llegaron a demorar la noticia, por temor a haber entendido mal el anuncio en latín y estar confundiendo el nombre con el de otro cardenal “papable”.
Llevó varios minutos para que se terminara de digerir la noticia de trascendencia mundial, mientras en el centro de Buenos Aires los transeúntes desprevenidos se sorprendían por el sonar al únisono de las bocinas de automovilistas.
Y es que, en las especulaciones previas, se consideraba altamente improbable que Bergoglio pudiera ser electo, principalmente porque cuenta con 76 años y se había generalizado la sensación de los cardenales preferirían un “papa joven”.
Lo cierto es que hoy no será un día más, en ningún plano. Es que la elección de Bergoglio, ahora Francisco I, no sólo pone a la Argentina en un lugar central de la atención mundial, sino que altera profundamente el panorama político interno.
La atención periodística estuvo puesta, desde el primer minuto, en las redes sociales, para conocer las reacciones de los dirigentes políticos y, muy especialmente, de la presidenta Cristina Kirchner, con quien Bergoglio mantuvo una relación tensa durante todo su mandato.
Cristina, que hasta el momento del nombramiento de Bergoglio se encontraba “tuiteando” extensamente sobre temas políticos, cesó de hacer publicaciones. Y recién sobre las 17:30 se conoció una información oficial que hablaba de un mensaje de felicitación.
Cristina, que hasta el momento del nombramiento de Bergoglio se encontraba “tuiteando” extensamente sobre temas políticos, cesó de hacer publicaciones. Y recién sobre las 17:30 se conoció una información oficial que hablaba de un mensaje de felicitación.
“Es nuestro deseo que tenga al asumir la conducción de guía de la iglesia, una fructífera tarea pastoral desempeñando tan grandes responsabilidades en pos de la justicia, la igualdad, la fraternidad y de la paz de la humanidad”, escribió la presidenta.
Mientras tanto, recién comienza la especulación política sobre cómo influirá la elección del nuevo papa en el país. Es pública la opinión muy crítica del flamante pontífice respecto del estilo de gestión kirchnerista, al que muchas veces ha fustigado por su tendencia a generar confrontación social y por ocultar la verdadera dimensión de la pobreza.
En el ámbito eclesiástico argentino, mientras tanto, la noticia fue celebrada con una euforia comparable a la de un éxito deportivo mundial.
De inmediato comenzaron a congregarse los fieles en la Catedral porteña, ubicada frente a la plaza de Mayo, a escasos 100 metros de la Casa Rosada.
Allí, una multitud de personas que habían conocido personalmente a Bergoglio a lo largo de su carrera eclesiástica, pugnaban por dar su testimonio en los medios.
Las declaraciones coincidían en señalar la humildad de Bergoglio, su bajo perfil y su vocación por la cercanía con la gente. Ello se evidencia en los múltiples mensajes que hacían relación a la presencia del pontífice en las “villas miseria”, en su gusto por desplazarse en medios de transporte público como el subterráneo.
“Visitaba las cárceles, estaba con enfermos de HIV, ha aprendido a estar en la calle, tenía esa cercanía pastoral que lo llevaba a estar con la gente”, afirmó Guillermo Marcó, ex vocero de Bergoglio durante sus tiempos de presidente de la Conferencia Episcopal.
El Observador